Foxtrot Vandals

Pensamientos que no llevan a ninguna parte…

El de mi amiga Jane 21/01/2012

Archivado en: General — lencm @ 14:34
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Hace ya unos cuantos años, conocí por casualidad a Jane.

La verdad es que ya me habían hablado de ella anteriormente, pero nunca nos habíamos cruzado. Pero en cuanto la encontré, supe enseguida que habíamos conectado.

Jane no es lo que parece. Tras su apariencia de chica romántica y femenina se esconde un ser irónico, crítico, sarcástico, con unos ojos que no pasan nada por alto, con un sentido del humor ácido y desternillante, pero también con una sensibilidad y una delicadeza sorprendentes.

Sabe hacerte descubrir la belleza de las cosas que te habían pasado desapercibidas, y sabe mostrarte el lado feo de las cosas que parecen bellas, pero en realidad están huecas.

Tiene una imaginación sin límites, y con cada historia que te cuenta es capaz de crear situaciones que te hacen sentir identificado. Te transporta a otro mundo y te hace sentir tan cómodo que no quieres volver al tuyo, porque a veces te parece aburrido y absurdo.

Jane es una mujer inteligente, quizás demasiado para su propio bien, pero está orgullosa de serlo. Tiene un carácter desafiante, y se crece ante las adversidades. Es una minoría, un diamante en bruto, y le gusta. No quiere ser pulida, quiere que la gente descubra su brillo entre las grietas de la piedra que la envuelve. Sabe que no todo el mundo verá ese brillo, pero que los pocos que logren adivinarlo son los que realmente la comprenden, y eso le basta.

Quiere romper el molde establecido, está dispuesta a hacer cosas poco ortodoxas para cambiar las ideas del mundo, pero teniendo siempre presente lo que está bien y lo que está mal. Fuerza las barreras, las empuja, pero no llega a romperlas.

Cuando realmente conoces a Jane, te asalta un sentimiento de posesión, casi de celos, porque no quieres que nadie más llegue a tener una relación tan cercana con ella, pero a la vez te alegras cuando hablas de ella y alguien te dice que la conoce y que la aprecia mucho.

 

 

Jane Austen murió hace casi 200 años, pero aún existe, aún está muy viva. A veces aparece reinventada, modernizada, versionada, disfrazada, pero los que la conocemos sabemos quién está debajo de ese disfraz. No me canso de releer sus libros, de sentir que soy otro personaje más de la historia, a veces incluso la protagonista. Uno de sus libros en concreto, parece que esté hecho a mi medida. Hay tantas similitudes a lo largo de la historia que casi da miedo, y cada vez que vuelvo a leerlo (y ya van unas 10 veces) encuentro una nueva anécdota que lo confirma. Los libros de Jane Austen NO son historias ñoñas y romanticonas. Son críticas a una sociedad superficial que no miraba con buenos ojos a las mujeres inteligentes. Son historias escritas y ambientadas en el siglo XIX, pero totalmente atemporales. Y sobretodo, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡son totalmente recomendables e imprescindibles!!!!!!!!!!!!!

 

 

El de vivir en pareja 16/11/2011

Archivado en: General — lencm @ 14:00
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Después de casi 2 meses, he vuelto. Han pasado muchísimas cosas.

He descubierto que tengo el don de la oportunidad: me caí por las escaleras cuando empezaba a hacer cajas para la mudanza, y me abrí la rodilla, así que me pasé casi todo el proceso sentada con la pierna levantada y sin poder ayudar con el transporte y el montaje (y no, no lo hice a propósito, pillines, que sé lo que estáis pensando).

Hemos conseguido deshacer la mayor parte de las cajas, y nos hemos instalado en el piso estupendamente. Incluso, con la ayuda de una amiga (más bien porque me hizo “bullying” hasta que me puse manos a la obra) he conseguido hacer el dobladillo a 4 de las 6 cortinas del comedor, con mis (y sus) manitas y la máquina de coser. Ahora sólo falta decidir dónde queremos colgar los cuadros, conseguir marcos para unas láminas que tenemos, y láminas para unos marcos que tenemos (sí, cuando te lo miras bien tiene su lógica) y… ¡p’alante!

Lo más importante ha sido comprobar que los dos nos hemos adaptado a vivir juntos con tanta facilidad que ni nos hemos dado cuenta. Cierto es que ya teníamos experiencia en esto, de los 5 años que estuvimos en la universidad, vivimos juntos durante casi 3. Ya en aquél momento comprobamos que no nos costaba nada. Por eso me sorprendió que, cuando comenté a mis conocidos que me iba a vivir con mi novio, más de uno me recomendara paciencia y me dijera que me lo tomara con calma, que hay que pasar un período de adaptación.

Está claro que no es una decisión que pueda tomarse a la ligera. Hay que estar muy seguro de que quieres pasar todo el tiempo con esa persona. Es muy útil hacer “prácticas” antes, es decir, ir juntos de vacaciones, pasar unos días en casa del otro, etc. Ahí es donde realmente empiezas a conocer cómo actúa y cómo reacciona esa persona. Ves cómo se reparten las tareas y responsabilidades, descubres los hábitos y las manías…

Pero lo más importante y, en mi opinión, lo menos utilizado, es HABLAR. A ver, no me las quiero dar de experta en relaciones, pero es algo que me choca muchísimo. Conozco a más de uno que, en cuanto tiene un problema con su pareja, lo comenta con otros antes que con dicha pareja. Si es que lo llega a comentar con él/ella. Cogen el problema, lo barren debajo de la alfombra, les dicen a sus amigos que está ahí debajo, pero la pareja no lo sabe. Y luego va andando tan tranquilo/a por el salón, y se tropieza con la alfombra porque está llena de bultos. Es decir, que hablando claro, “sale toda la mierda de golpe”.

También he oído más de una vez cosas como “nunca hacemos nada especial”, “no queremos las mismas cosas”, “estoy celoso/a”… y yo pienso, pero vamos a ver, ¿esto lo has hablado con tu pareja? porque, sinceramente, yo no te puedo ayudar… ni tampoco es de mi incumbencia. Yo quiero enterarme y participar de las buenas noticias, y alegrarme por mis amigos, supongo que como todo el mundo, pero las discusiones deben resolverse a puerta cerrada.

Bueno, al empezar este post no sabía que iría a parar aquí, pero… es un tema recurrente que no deja de sorprenderme. Espero que la gente se vaya dando cuenta de que es mucho más sano tener una buena conversación que simplemente aguantar por no pasar un mal rato.

Para poner una nota musical al final de toda esta parrafada, recomiendo el último álbum de Camille, Ilo Veyou. Rarísimo, pero genial.

 

El de la ropa 15/09/2011

Archivado en: General — lencm @ 00:31
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¡Bueeeeeeno! Después de una semana movidita, vuelvo a pasarme por aquí, con la cabeza llena de ilusiones, proyectos y demás pájaros.

Ya hemos firmado el contrato y “sólo” nos falta ir a pedir los servicios (agua, luz y gas), hacer un zafarrancho de limpieza que, como mínimo, promete ser entretenido, y… ¡amueblar! Y ahí viene el gran qué de la cuestión. He estado tomando medidas, haciendo cálculos, y tirándome de los pelos. ¿Porqué? Pues porque tengo que inventarme una manera de meter (casi) toda mi ropa en un armario de poco más de 1m x 2m x 0,5m.

*Risas histéricas (por no llorar)*

YO, que en mi casa ocupo dos armarios que miden como mínimo el doble.

*Más risas histéricas*

Ahora en serio. Tengo muchísima ropa. Intento cuidarla bien, y la uso todo lo que puedo. Tengo ropa de hace 4 o 5 años que aún utilizo. Intento mantenerme entre 2 tallas más o menos fijas (que a veces cuesta más y otras menos), y tengo un “repertorio” que cubre mis excesos y mis pérdidas dentro de unos límites razonables. Además, como no uso ropa de marcas caras (soy fan absoluta de tiendas como H&M) puedo tener más ropa por menos precio.

El problema es… encontrar talla. Empecemos:

  • Mido 1’80, adecuado si eres vikinga pero, según parece, descabellado si vives en cualquier otro país europeo.
  • Acostumbro a utilizar una talla 44-46 (eso cuando a los fabricantes no les da por hacer patrones nuevos que convierten una 44 en una 38 y me hacen acordarme de sus difuntos), por lo que en muchas tiendas, las requetemonísimas dependientas liliputienses me miran con cara de no entender cómo he osado entrar.
  • Hay ciertas prendas que últimamente están de moda y yo no soporto, porque pienso que no favorecen ni a la modelo más escultural, ni al palo de mi escoba (véase: pitillos, pantalones “cagaos”, etc.) y me resulta dificilísimo encontrar prendas de corte diferente. Cuando pregunto a las ya mencionadas dependientas, se escandalizan y me dicen “¡pero mujer, si eso esta temporada no se lleva nada!” lo cual, a mí, me la repampinfla.
  • En cuestión de zapatos, ya no sé ni qué decir. Calzo un 43-44 y, o me compro zapatos femeninos por internet, y pago por el DVD blu-ray que obviamente NO incluyen, o me aguanto las miradas de incredulidad en las zapaterías cuando pido probarme un modelo de la sección de caballero.

Total, que ir de compras es ¡una fieshhhta!

Más de una vez he salido de una tienda acomplejada, desesperanzada y cabreada con el mundo. Mi autoestima siempre solía estar bajo tierra, y me ha costado mucho trabajo (y mucha paciencia de mi novio y mis amigos) para, como mínimo, sacarla a la superficie. Una vez, entré a una tienda de Mango, en la que me había comprado una camiseta básica hacía un par de semanas, y quería otra igual en un color diferente. Al no ver la XL en la estantería, le pedí a una dependienta (liliputiense, por cierto) si la podía buscar en el almacén. Después de mirarme de arriba abajo, simpática ella, me dijo que “uuuy, esas tallas tan grandes no solían tenerlas, pero que iba a mirar”. A punto estuve de hacerle tragar la maldita camiseta, pero por aquél entonces aún tenía la autoestima en el sótano 1 del parking, y no le contesté.

Actualmente, intento no pensar mucho en las injusticias de las tallas, aunque de vez en cuando aún tengo arrebatos. No me parece justo que, por lo menos aquí en España, si gastas más de una 40 te consideren un monstruo. Cuando voy de rebajas, por cada prenda de mi talla me encuentro tropecientas 36, 38, S y M, que acaban sin vender, y pienso… si en vez de gastar la tela en todas estas prendas de tallas pequeñas, hicieran unas cuantas más de las tallas siguientes, se vendían seguro. No sé dónde acaban esas prendas, quizás es una estrategia de marketing que aún no comprendo.

Además, creo que  muchas marcas y muchas personas famosas dan una imagen equivocada de la mujer, y ejercen una influencia muy negativa. A ver, no tengo nada en contra de las mujeres que son delgadas por naturaleza, todas somos diferentes. Lo malo es forzar a que todas seamos así, cuando muchas tenemos una constitución y/o un metabolismo que nos lo hace prácticamente imposible. Lo importante es estar sano y a gusto, dentro de unos límites razonables, pero hay demasiada presión y demasiado rechazo a las personas que no caben en los moldes establecidos. Y yo creo que esos moldes se están quedando pequeños. El estereotipo de la mujer era un cuerpo con curvas, y se ha ido perdiendo.

Afortunadamente, yo estoy cada vez más a gusto con mi cuerpo, y me declaro orgullosa de ser una “chica XL”. Incluso a veces, cuando tengo “el guapo subido” y veo catálogos de ropa de tallas grandes, pienso que yo podría estar en esos catálogos sin desentonar mucho, pero shhhhh, esto es un secreto… :P

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Lista de tiendas con tallas “razonables”

Ropa en general: H&M, Vero Moda (dependiendo de la temporada), algunas tiendas de Mango (también depende de la temporada), M&S (estilo un poco soso, pero va bien para algún básico), Springfield (para camisetas y vestidos, los pantalones son de tallaje muy justo). Hay muchas otras especializadas en tallas grandes, pero también suelen ser más caras.

Ropa interior y pijamas: Change of Scandinavia (tienen 800000 combinaciones, y es fantástica para sujetadores, te miden y te aconsejan)

Zapatos: Hush Puppies, Andypola (internet), La Redoute Taillissime (internet, esta también es para ropa pero yo sólo he comprado zapatos), y tiendas especializadas en algunas ciudades, sobretodo en capitales de provincia.

 

El de las buenas noticias 07/09/2011

Archivado en: General — lencm @ 11:42
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YA TENEMOS PISO!

Esto se merece una fiesta ;)

 

Me ha surgido la necesidad de compartir las buenas noticias con los “internetes”. Ahora mismo estoy tranquila y sentadita delante del ordenador, pero por dentro estoy como los de la imagen… yeah! Seguiré informando del proceso. Esto promete ser divertido… me imagino fines de semana con mis padres y mis suegros, comprando cacharros de cocina, montando muebles del Ikea (Introduzca el tornillo Sklaöppeng en la ranura Ybjärr”), agujereando paredes, y comiendo pollo a l’ast en la mesa recién atornillada… menudo mes de setiembre nos espera!!!

 

El de las mascotas 31/08/2011

Archivado en: General — lencm @ 00:05
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Lo reconozco. Soy de aquellas personas que es capaz de querer a su mascota más que a muchas personas de su entorno.

¿Qué miras?

Mi preciosa mascota, mi perro Lennon

Ojo. Hagamos un inciso. Sí, mi perro es uno de los amores de mi vida, pero no soy una exagerada. Ni le pongo ropita hortera, ni le doy besos en la boca, ni duerme conmigo en la cama, ni le doy de comer como si fuera un humano. Si quisiera algo así me compraría un Baby Born de esos que comen, mean y cagan, lloran y ríen, y gritan MA-MA, y le compraría modelitos fantásticos. Mi perro, aunque me dé su cariño incondicional, y me alegre, y lo eche de menos tanto que casi duele cuando no estoy en casa, es, señoras y señores, UN PERRO.

Aunque todo el mundo tiene derecho a tratar a sus mascotas como le dé la gana (siempre que NO les haga daño, claro), debo confesar que no entiendo el gusto por tratar a los animales como bebés humanos. ¡Son animales! El otro extremo es tratarlos como bestias. Sí, claro que los perros tienen instintos según su raza, pero el tiempo de los romanos ya ha pasado, y ya no hay sesiones de lucha contra osos o leones. Algunas razas son excelentes “ayudantes” en la caza (otro tema que trae tela, y con el que no estoy muy de acuerdo) o en las carreras, pero si un animal no demuestra las cualidades necesarias, es abandonado, maltratado, o incluso asesinado. ¿De verdad es necesario? Seguro que las personas que hacen estas aberraciones tienen familiares o amigos que estarían encantados de adoptar ese animal como mascota. Otra cosa que no entiendo es lo de tener a un perro de “segurata”. Los perros de ciertas razas tienen fama de ser excelentes perros guardianes, pero… ¡también necesitan cariño! En fin…

A lo que quería llegar es a cómo obtener una mascota. Hace tiempo que he decidido que en mi casa nunca entrará un perro comprado en una tienda. Mis mascotas serán o regaladas o adoptadas. Los centros de adopción están llenos a rebosar, y la mayoría -por no decir todos- van muy justos de pienso, vacunas y voluntarios. Cuando mis padres fueron a recoger a Lennon del centro de adopción, tras interesarse por él a través de la web de dicho centro, vieron a la responsable tan apurada que, a parte de pagar la tasa de vacunas y chip, le dejaron unos euros de más para que pudiera comprar pienso. Me hubiera gustado ir con ellos al centro, pero en parte creo que es mejor así, porque me hubiera querido llevar la mitad de los animales.

Desde aquí quiero animar a todo aquél que tenga pensado adquirir una mascota, que se lo piense bien, que se informe de los centros de adopción más cercanos, y que entienda las responsabilidades que conlleva traer un animal a casa. Crecen, dejan pelo y babas, hay que sacarlos a pasear y recoger lo que hagan (seamos cívicos, hombre), y cuesta dinero pagar el pienso y las visitas al veterinario.

Pero cuando todo eso está decidido, traes a casa un ser vivo que te quiere, que juega contigo, que te hace reír y llorar, que te mira agradecido por haberle dado una vida agradable, y al que tú miras igual de agradecido por hacerte sentir tan feliz.

 

El de la aventura de buscar piso 25/08/2011

Archivado en: General — lencm @ 01:13
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La idea de vivir juntos es una idea que, tanto a mi novio como a mí, nos rondaba la cabeza desde hacía muchísimo tiempo. De hecho, una gran parte de nuestra vida universitaria la pasamos viviendo en el mismo piso de estudiantes (menos mal que mi habitación era la grande y tenía una cama doble, ya que al principio estaba yo sola y el se añadió más tarde). Luego, al acabar la carrera, tuvimos que volver cada uno a su casa, y se nos hacía un poco raro tener que vernos solamente los fines de semana.

En resumen, empezamos a intentar ahorrar y a soñar despiertos, construyendo castillos -de alquiler- en el aire. Por fin, los dos tenemos un trabajo mínimamente estable (él más que yo, que soy autónoma y últimamente me escasean las traducciones), y a base de austeridad, y mucha fuerza de voluntad por mi parte para no arrasar con H&M, al final hicimos cálculos y decidimos que ya era hora. Como yo trabajo desde donde sea y él trabaja cerca de su casa, lo más lógico era irnos a su pueblo, y nos pusimos a indagar.

Empezamos por buscar en todas las páginas web de alquiler de pisos:

  • Fotocasa
  • Habitaclia
  • Idealista
  • Enalquiler
  • Pisos
  • Y muchas otras más, incluidas las webs de diversas inmobiliarias de la zona.

Nos pusimos un presupuesto, y utilizando los filtros de búsqueda (algunas páginas son más “user-friendly” que otras) fuimos mirando y remirando, abriendo hasta 30 pestañas de golpe, hasta que llegó la hora de pedir información.

Cuando recibí la primera llamada para ver un piso, estaba francamente nerviosa. Creo que le conté toda mi vida al pobre señor, para hacerle entender lo que buscaba, y pusimos una fecha para la visita. Luego recibí algunas llamadas más y, como yo vivo a 1h en coche, para no desplazarme inútilmente puse todas las visitas la misma tarde, una detrás de otra. Me sentía importante “cariño, a las 17:30 tenemos que ir a ver el piso de la calle Tal, a las 18:30 aquél que está amueblado y tiene terracita, y 1h después hemos quedado para ver ese que es un poco más caro pero parece precioso y quizá vale la pena”. Empecé a darme cuenta de que ya no había marcha atrás.

Siguieron varios días más con el mismo plan, en los que llegamos a ver 3 o 4 pisos por tarde. Antes de entrar en el primero me prometí a mi misma que no me imaginaría decorándolo, ni pensando dónde iría mejor el sofá, que me conozco. Me hice una lista mental de las preguntas más importantes que hacer, y de los detalles más importantes que observar, y… ¡al turrón!

Puedo afirmar una cosa: algunas ofertas debe haberlas hecho un fotógrafo MUY bueno. Si no, no se entiende que un piso que parecía monísimo en las fotos de la web me dé la sensación de que quiero salir de ahí corriendo sin mirar atrás. También me he familiarizado con el lenguaje típico de las ofertas:

  • Ideal solteros o parejas = el hámster de mi prima tiene una jaula más grande
  • Cocina y baño de origen = cuando los construyeron, Matusalén aún no tenía barba
  • Reformado = el edificio es tan antiguo que los lavabos estaban fuera, y han tenido que hacer un apaño en el balcón, las cañerías se atascan y la conexión eléctrica falla más que una escopeta de caña. Eso sí, ¡tiene parquet!
  • Zona tranquila = vas a necesitar el coche hasta para comprar el pan, porque está en el fin del mundo

Después de visitar casi todos los pisos en alquiler del pueblo (que, por cierto, no es muy grande… ni tiene mucha vida) estábamos listos para hacer un ranking. ¡Ya teníamos el TOP 3! Nos pusimos a hacer cálculos -pesimistas- de cuánto podríamos gastar al mes, entre alquiler, recibos, comida, imprevistos… y vimos que las cuentas parecían salir. Luego llegó la hora de comentarlo con nuestros respectivos padres…

Definitivamente, es la etapa más dura del proceso. Ahora mismo, aún nos encontramos en la fase de “a ver, ya hemos hecho una lista de cosas positivas y negativas, y entendemos que ningún piso será perfecto pero… por favor, ¡que no queremos vivir en el Palacio Real!” Y es que los padres son el obstáculo más difícil de superar, por lo menos en mi caso. Además, como estamos en Agosto y las inmobiliarias están cerradas, no podemos avanzar en nuestra búsqueda, y con mis padres repitiendo todos los defectos que le ven a cada piso, se me está haciendo interminable.

Lo único que quiero es que, por fin, podamos llegar a una conclusión, y sea el momento de hacer cajas y listas de inventario. A estas alturas del mes que viene -tocando madera- estaré escribiendo desde NUESTRO piso…

“I dreamed we danced upon the wall
and on the ceiling dear”

 

Episodio Piloto 22/08/2011

Archivado en: General — lencm @ 15:46
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Está siendo un verano extraño.

Estoy en mi casa pero tengo la sensación de que todo es provisional. Quizá sea porque (espero) en muy poco tiempo pasará a ser “casa de mis padres”. Me explico: estoy buscando piso. Mi novio y yo nos hemos hartado de vivir a casi 100 km el uno del otro y, como que hemos conseguido ahorrar un poquito de dinero (que ya es mucho, con la que está cayendo), al final hemos decidido que ya era hora de salir del cascarón.

A parte de la interesante tarea de visitar un piso tras otro, me estoy intentando sacar un curso de Traducción Jurada, del que voy un poco atrasada. También intento abrirme camino como autónoma, concretamente como traductora científico-técnica. Pronto hará un año, y la verdad es que cuesta despegar. En mis ratos libres, y para intentar ganar un dinerito extra, soy profesora particular de repaso, y consultora de belleza de una marca de cosméticos de fama mundial (por razones legales, no daré nombres, pero si a alguien le interesa el tema me puede contactar en privado).

Y en medio de todo este barullo, se me ocurre la genial idea de empezar un blog. ¿Y sobre qué? Pues no tengo ni idea. Me encantaría hacer un blog temático, pero me gustan demasiadas cosas y sé demasiado poco sobre ellas. Ejemplos:

  • Me encanta la música, especialmente el rock, indie-pop, soul, y las cosas raras, a parte de la música clásica. Soy muy crítica con la música prefabricada y los programas de superestrellas. Pero no conozco las sub-categorías, ni los significados, ni las razones que inspiraron tal o cual canción, ni las vidas de los músicos, y además todo esto me importa un pimiento. Disfruto la música como usuaria, canto por todos los sitios (aunque no significa que lo haga bien), no sabría vivir sin mis canciones favoritas, pero tampoco tengo el conocimiento suficiente para llevar un blog de música.
  • Soy capaz de estar leyendo 3 libros a la vez y disfrutar cada uno de ellos, y siempre voy en busca de clásicos que me puedan entretener. Me he leído unas 10000 veces los libros de Jane Austen, la trilogía del Señor de los Anillos, y muchos otros, pero dudo que un blog así llegara a durar mucho.
  • Me gusta mucho la ropa y los accesorios, pero “odio” la moda. Es decir, no soporto que la gente se vea obligada a ponerse una prenda sólo porque algún diseñador ha decidido que tenga que estar de moda. Además, a veces tengo que hacer peripecias para encontrar algo que ponerme: mido 1’80, uso una talla 44-46, y tengo un 43-44 de pie. Medida estándar, vamos.
  • Disfruto viajando y conociendo otras culturas, pero mi mapa de lugares visitados está vergonzosamente vacío.
  • Tengo muchas opiniones sobre la política, la religión, la economía, etc., pero no tengo ni puñetera idea de ninguna.
  • Soy demasiado nueva en el mundo de la traducción para poder decir algo sensato, y aún menos para dar consejos.

Conclusión: voy a colgar posts sobre cualquier cosa que se me pase por la cabeza, sobre los temas que ya he mencionado y sobre muchos otros.

Intentaré mantenerlo en clave de humor, pero sin risas enlatadas.

Y para acabar, una recomendación:
Zoey van Goey – Foxtrot Vandals, la canción que, por el momento, da título a este proyecto de blog.

 

 
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